–Da lo mismo –dijo Antonia, y yo como de costumbre me quede esperando a que aclarara. No. Sólo dijo eso: da lo mismo.
Le acababan de confirmar que el tumor era malligno. En el seno izquierdo. Cáncer. Maligno. De eso hace veinte años. Estábamos en Londres. Teníamos veinte años. Veinte años en punto, qué risa. Lo que uno puede creer y querer a los veinte años. Algo de culpa deben haber tenido los Beatles.
Ella era de Mazatlán, Sinaloa. Yo del D.F., que en los sesenta, como todos saben, era otro. Nos conocimos en el avión. Pocía yo haber platicado con cualquier persona, con la señora que me tocó de compañera de asiento, por ejemplo. Antonia estaba del otro lado del pasillo. Me fijé en ella no porque pareciéramos de la misma edad sino porque casi desde que despegó el avión se durmió. Qué necia irresponsable, pensé. La señora a mi lado leía un Selecciones tan aplicadamente que era obvio que también tenía miedo. No interrumpirla. Capaz que habla de su miedo a los aviones. Mucho rato escribí en mi cuaderno tratando de imaginar Londres.
Y que despierta Antonia. Se me quedó viendo. ¿Qué escribes? Mi diario. ¿Y qué pones? Todo. ¿Cómo qué? ¿Puedo ver?
Y que lo toma. Necia irresponsable. Lo bueno es que a mi letra no se le entiende. Me lo devolvió de inmediato. Qué flojera tanta palabra. ¿Vas a estudiar a Londres? Le expliqué que iba a vivir allá. Que iba a buscar trabajo primero que nada. Que quería quedarme un año cuando menos, pero que llevaba dinero para seis meses ¿Y tú?
–Voy a estudiar teatro. Me dieron una beca por tres años. Soy de Mazatlán, Sinaloa.
–¿Y a poco te la dieron allá?
–No, en Estados Unidos. Ahí estaba estudiando.
Por eso no hablaba como sinaloense.
–¿Y dónde vas a vivir en Londres? ¿En la escuela?
–De internados estoy hasta el gorro. Toda mi vida la he pasado interna. No, llego a la YMCA y luego busco un cuarto. ¿Tú?
–Igual, aunque no tengo reservación. A ver si tienen, si no los primeros días voy a tener que quedarme en un hotel.
–Pues ya estuvo. Podemos buscar cuarto juntas.
Así es como uno conoce a la gente que se va a quedar en la vida de uno.
La canción Lucrecia y Rigoberto que aparece en el álbum Sweet & Sour, Hot & Spicy de Ely Guerra está inspirada por la novela erótica Los cuadernos de don Rigoberto del autor peruano Mario Vargas Llosa.